jueves, 23 de agosto de 2012

Tinta para grabado




Para grabar en metal existen montones de opciones, y se consiguen muy bien explicadas en internet. Yo mezclé varias de éstas, en base a los recursos que tenía a mano y lo que logré conseguir en las tiendas de bellas artes de Madrid. La tinta de grabado por lo general es una mezcla a gusto de cada artesano de varios ingredientes (resina, betún de judea, trementina, asfalto, almáciga, colofonia y muchos otros de nombres preciosos), quien a veces juega con éstos y sus proporciones para obtener dos o tres: una gruesa, de secado rápido, para enmascarar; una más suelta para los trazos finos, y una de secado muy lento para añadir detalles y sombras rascándola.

Como mis diseños no requerían mucho de esto y no disponía de espacio y materiales para elaborar mi propia mezcla, hice pruebas con varios productos y al final me quedé con una laca comercial resistente a las sales de grabado, al parecer en vias de extinción: la laca de bombillas. La elegí azul oscuro para tener un buen contraste con el metal y poder encontrar más fácilmente las burbujas y puntos no cubiertos, pero eso también es a gusto.



Los pros: es barata, efectiva y una vez que le encuentras el truco se aplica sin problemas con pluma. Puede usarse tanto para el diseño como para protejer bordes y áreas que no se vayan a grabar, sin tener que disponer de dos tintas diferentes. Se disuelve en alcohol o acetona y es fácil de limpiar una ves grabada la pieza.

Los contras: seca muy rápido y al ser dura no se raya con la facilidad de una tinta untuosa sino que salta en cristalitos, lo cual hace que haya que trabajarla todavía húmeda si se quiere sombrear/iluminar el diseño. No resiste bien los diseños delicados en plata, pues el burbujeo del ácido nítrico la termina levantando.

Por suerte para los que vivimos en Madrid existe Manuel Riesgo, donde se pueden encontrar los productos para preparar tu propia tinta, o directamente la laca de bombillas.





No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada